Las grandes empresas ya entendieron algo que hace diez años todavía parecía algo exagerado, que elcontratar mal cuesta muchísimo más que pagar un buen proceso de headhunting. Y no hablamos solo de dinero. Hablamos de productividad perdida, desgaste interno, rotación, equipos fracturados y decisiones estratégicas mal ejecutadas. Ahí es donde el head hunter se vuelve indispensable.
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