Un vehículo nuevo que llega rayado, con un golpe en el parachoques o con demora respecto a la fecha prometida al cliente no es un problema de transporte. Es un problema comercial que el concesionario tiene que resolver frente a alguien que esperó semanas por su auto y que llegó al local con una expectativa muy concreta. Esa realidad hace que la elección del operador logístico para el traslado de vehículos sea una decisión que va bastante más allá de comparar tarifas por kilómetro.
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